domingo, 10 de enero de 2016

Segundo paso (el presente): Los nervios a flor de piel

Dos minutos antes...



#Samanta

8:43 p.m.

Ese sujeto se encuentra frente mis ojos. Los froto, y aún sigue ahí. No es un espejismo ni las copas de más tienden a causar sus efectos. Noto que él me mira fijamente; Necesito perder el contacto.

¡Oh santos cielos, él camina justo en mi dirección!


Un momento de calma.


Este es un pueblo pequeño. Claramente en algún punto de mi visita iba a toparme con él. No debo ponerme nerviosa, ¿acaso él me conoce? No, por lo tanto mi sudor es un desperdicio.

¿Cómo puede ponerme nerviosa y al borde de una crisis un total desconocido? Ni yo misma puedo responder eso.







8:45 p.m. 


Y ahora por fin ese sujeto se encuentra completa y extrañamente frente mis ojos.

—Tú —susurro yo.

—Tú —susurra él.

—¿Qué haces aquí? —mencionamos al unísono, señalándonos rápido y acusadoramente con el dedo.

Al no comprender la situación tan extraña que nos atrapa, el sujeto solo comienza a rascarse la cabeza, con una muy clara duda marcando todo su rostro. 

Y el silencio completa la escena. Un silencio incomodo, pese a que la música inunda el salón.

—Un momento, ¿sabes hablar coreano?— solo alcanza a indicar, un pequeño detalle que para mí no tiene tanta importancia, quizás.

¿Él realmente dijo eso?










#BonHwa

8:45 p.m. 

Odio los silencios. Vaya que en ocasiones son grandiosos, pero ¿por qué justamente hoy la lengua me la tenía que comer el ratón?

Un momento de calma. 


Estamos en Corea, eso es claro, sí. Punto a favor. Pero hay algo extraño en todo esto; soy un magnifico detective, ¿qué me estoy perdiendo? ¡Oh sí!

Buena idea.


—Un momento, ¿sabes hablar coreano?— pregunto como forma automática de romper el hielo que crece más y más.

Es obvio que la duda me carcome, una extranjera hablando coreano como si de ella fuera natural. Es extraño y ya. No algo imposible, pero sí raro.

Al momento ella sube y baja sus hombros en forma automática y responde.

—No creo que sea de tu incumbencia, y es para mí todo un gusto culposo, pero he de admitir mi inmensa fascinación por los dramas asiáticos. Ya ves, aprender un nuevo idioma es cuestión de practica, así como la necesidad de comer te lleva por el camino de practicar noche y día una receta hasta que esta es perfecta, aprender un idioma distinto al cotidiano, solo te beneficia a no esperar las nuevas actualizaciones en páginas de dramas de mi absoluta preferencia. Y sobre todo, esto no engorda.

—Vaya, quién lo diría. —Solo alcanzo a expresar. Mi asombro es mucho más grande como para expresarlo con otras palabras vacías.

Y aunque en esta noche los nervios están a flor de piel, bien vale perder el miedo con esta chica.

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